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CAPITULO 4 COMIENZO DE LA LUCHA


Así estaba mi situación,
ayer podía tragar, hoy sólo tenía hambre,
y la mente conmocionada, tenía la mente
alimentada de tantos pensamientos
y mi estómago vacío...


Luego de los intentos de comer normalmente,
todavía no imaginaba porqué podía pasarme esto,
no sabía, ni podía siquiera
prestar atención a todos los síntomas que acompañaban
Hubiera sido muy importante en aquel momento, ya que podía evitarme
pasar "este mal trago".

Los siguientes días, se hicieron semanas,
las semanas sumaron el primer mes
consultando a mi doctora Montserrat,
quien ya mostraba una actitud
de descreimiento, me escuchaba sin escuchar,
me hablaba sin ayudar...
Era posible que me dejaran en aquella situación?
Mi alimento se redujo considerablemente,
pero ya no se trataba de un diagnóstico exacto...
se trataba de la vida de un paciente,
que por motivos psicológicos o motores
no podía comer normalmente. Motivos
para preocuparse, al menos si se tratara
de una profesional con vocación.


Mi ración se limitó a desayuno, leche con
cacao y un bollo blando, para que fuera más fácil para mi
Al mediodia siempre me ponía el plato medianamente lleno, como si
así , por fín, pudiera acabarlo, pero no llegaba
ni a empezarlo.
La merienda igual que el desayuno, y a la cena,
era a la que más temía, ya que a la noche tenía
mucha ansiedad. 
En muchas , muchísimas ocasiones,
nos vimos corriendo a urgencias... donde explicaba
mi caso... me daban diazepam... y en el diagnóstico
escrito: "crisis de ansiedad"

Uno de tantos pensamientos que me hostigaban
era el de sufrir anorexia nerviosa,
pero era lógico? yo no quería adelgazar,
ni me veía gorda, no. Definitivamente ese no era
mi caso.


Traté de explicarlo de manera muy sutil, a mis padres
para que no se preocuparan, ya bastante teníamos nosotros,
para hacer que ellos también cargaran con esto
que me estaba pasando.

De pronto el mes pasó, con la misma rutina, tratando
de recuperar mi antigua vida...tratando de luchar
contra aquel mal que no tenía explicación.
Se hicieron dos meses, tres, cuatro.

Mi marido me mostraba una sonrisa 
siempre para animarme  y me regalaba un abrazo, me preparaba la comida, mientras yo iba perdiendo , silenciosamente
kilos de peso, hasta llegar a pesar 40 kilos,
mi metro y sesenta y cinco de altura, se iban esfumando...
y lo más angustiante
es que no podíamos detenerlo... 

ni encontrar una razón... ni saber contra quién luchábamos.

Una mañana más, tenía consulta con la doctora Montserrat,
que se mantenía en su criterio (para ella
lo mío se trataba de ansiedad o su defecto,
depresión, no se hable más)
Aquella mañana, hizo que tomará la decisión más importante,
la que me iría sacando del pozo, poco a poco
sin echarme más tierra encima.







Tuvo que suceder, que lo más desagradable
me abriera los ojos, y sacara el carácter del que carezco,
para dar un gran paso.

Mi suegra se ofreció a acompañarme, ella ya sabía
lo que me estaba pasando, aunque
tampoco entendía de qué se trataba mi enfermedad.
Supongo que es díficil verlo desde afuera,
pero sólo se trata de ponerse en el lugar del otro.

Cuando entramos en la consulta, yo sólo tenía mis argumentos:
no podía tragar, no sabía la causa, tenía hambre,
quería curarme. La doctora se me acercó una vez más
con su palillo "bajalengua" y con una lúz,
otra vez, con su teoría de que así vería algo,
o a lo mejor era algo tan simple como una angina.
Me dijo que no había nada, todo era normal,
mi garganta estaba un poco enrojecida pero nada más.
pero las palabras que siguieron la sentenciaron...
"Tienes que comer, no puede ser que venga tu madre
aquí, para decirte que tienes que comer"

Ni era mi madre , ni se preocupaba en parecerse,
y no era ella la que me llevó, era yo la interesada,
la que había pedido hora con el médico,
porque quería comer!
Era lo que yo más deseaba , Doctora Monserrat!
Nadie tenía que decírmelo y menos mi suegra ni usted!

Pero en aquel momento me callé.
Mi rabia contenida
se hacía nudo en mi garganta y me
humedecía los ojos.
Pero gracias a esa situación, hice una cruz a
la doctora Montserrat.

Busqué una salida, cambiándome de doctor,
su consulta estaba justo al lado de la anterior doctora.
Cuando me cambié, ya llevaba mucho tiempo
con dificultades, el nuevo médico Miquel,
a quien debía poner al día con todos mis problemas,
cumpliría el más importante papel...


Comentarios

  1. Dedicado a Mujeres con Síndrome de Sjögren
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